Bocarela

Cómo usar especias en la comida del bebé para dar sabor

Especias para bebés como comino y canela junto a un plato de papilla para dar sabor sin sal

Llevo semanas cuestionándome cuánto sabor le estoy robando a la comida de mi bebé nomás por miedo, cada vez que abro la alacena y veo el bote de comino casi sin tocar, mientras mi bebé empuja con la lengua la papilla desabrida que le sirvo. En esta etapa de alimentación complementaria, entre papillas coladas y algo de BLW cuando se anima a agarrar el trozo él solo, me di cuenta de que llevaba meses cocinando dos comidas en la misma olla: una con sabor para los adultos de la casa y otra sin ninguna gracia para él. Las especias para bebés no estaban ni remotamente en mi radar, y las recetas para bebé que seguía tampoco las mencionaban casi nunca.

De dónde saqué la idea de que las especias eran peligrosas

Cuando el pediatra nos dio luz verde para los sólidos, mi cabeza armó una regla que nadie me pidió: comida de bebé debía saber a nada. Chayote al vapor, calabaza sola, arroz sin ni una gota de aceite. Me daba miedo irracional de que cualquier cosa con más carácter le fuera a hacer daño a los riñones, esos órganos tan chiquitos que en mi imaginación eran casi de papel. Pero comer no es solo llenar el estómago, es cultura, y aquí en el Bajío la comida entra por la nariz antes que por la lengua — eso lo sabía desde niña, nomás no lo había conectado con las señales que el bebé ya traía de estar listo para algo con más chiste que el puré solo.

Tres cursos de Hotmart sobre alimentación complementaria pasaron por mi celular en estos meses. Uno lo acabé completo, con notas en una libreta que ya tiene manchas de puré de camote. Otro lo abro nomás cuando la silla alta se convierte en campo de batalla y el piso necesita más trapeada que comida hay en el plato. El tercero se quedó pagado y casi olvidado en una carpeta. De los tres saqué una sola cosa clara: especia y picante no son la misma palabra. No mames, obviamente no le voy a poner chile serrano a un bebé de seis meses, pero ¿por qué le negaba el cilantro o la canela nomás por asociación?

Aguacate machacado con cilantro y comino, ejemplo de especias para bebés en la alimentación complementaria

La regla es menos sal, no menos sabor

La razón detrás de evitar la sal sí es real: los riñones del bebé todavía no la procesan como los nuestros, y eso me lo repitieron tanto el pediatra como uno de los cursos que tomé. No voy a poner aquí números ni límites exactos, porque para eso está tu pediatra y no una mamá con la cocina llena de puré de betabel. Sí puedo contarte el cambio que hice en mi cocina: dejé de pensar que sin sal la comida tenía que saber a nada, y empecé a jugar con lo que sí podía usar.

Hace un par de meses empecé a experimentar con el pollo. En lugar de hervirlo hasta que quedara como cartón — cosa que hice las primeras semanas y que el bebé rechazaba en cuanto olía el caldo soso —, le puse una ramita de romero al agua. El cambio se sintió casi de inmediato: no es que el bebé identifique el romero, es que el aroma en la cocina ya lo avisa de que viene algo con chiste. Cómo dar pollo al bebé por primera vez de forma segura se volvió mucho más sencillo cuando entendí que la forma y el tamaño del trozo importan tanto como el sabor. Aclaro, por si hace falta: no soy nutrióloga ni tengo ninguna certificación en pediatría, solo una mamá que no quiere que su hijo crea que la vida sabe a cartón húmedo. Consulta siempre a tu pediatra antes de meter algo nuevo al plato.

Abrir el cajón de las especias, por fin

Una mañana de julio por fin abrí el cajón de las especias con toda la intención del mundo. Tenía un par de cucharaditas de puré de manzana con cara de tristeza en el plato. Agarré la canela, estornudé justo sobre el frasco abierto por andar de prisa, y dejé la cocina oliendo a diciembre en pleno julio. Ese puré con una pizca de canela fue el primer plato que mi bebé terminó completo, sin necesidad de avioncitos ni de cantarle nada. Para la semana 12 de sólidos ya no dudaba tanto antes de espolvorear algo nuevo en el plato — el miedo del principio se había ido gastando solo, a punta de repetir.

El cilantro fresco picado bien finito se volvió el mejor amigo del aguacate machacado, y las lentejas —que además le aportan hierro, algo que un curso insistía mucho en repetir— cambiaron por completo con una pizca de comino, lo que se agarra apenas con la punta de un palillo. Descubrí que cómo ofrecer legumbres a bebés de forma segura y nutritiva tiene mucho que ver con el olfato, más de lo que yo pensaba. La semana pasada probé otra vez con la cuchara de plata que nos regalaron en el baby shower, bonita y pesada, y en cuanto el bebé la vio arqueó la espalda como si le hubiera enseñado algo que muerde. Volvió la cuchara de silicón de siempre a la rotación, y la de plata regresó a la vitrina, de adorno nomás. El ping metálico de esa cuchara contra la bandeja ya no me suena a derrota, sino a que viene algo que sí se va a comer.

Plato de silicona con lentejas y pollo sazonados con hierbas, recetas para bebé con especias suaves

Lo que quiero evitar: que solo acepte lo blanco y soso

Traigo una teoría propia, de esas que una masca entre siestas y lavadas de babero: meter especias con carácter desde el principio —cúrcuma, orégano, albahaca, lo que haya en la alacena— no es solo capricho de mamá aburrida de lo insípido. Para mí es una forma de que el paladar se acostumbre a que la comida tiene matices, para que cuando lleguen los dos años y la etapa del no a todo, sea menos probable que solo acepte nuggets y pasta blanca. Fuimos subiendo poco a poco de papillas bien coladas a trozos más blandos, sin prisa, y cada alérgeno nuevo lo metimos uno por uno y por separado, como me insistieron que hiciera.

Noté que cuando el sabor es interesante, el bebé se queda más tiempo en la silla: ya no es solo alcanzar el plátano porque tiene hambre, es perseguir con la lengua el rastro de menta que le puse al yogur natural. Esa exploración es lo que lo va acercando a la mesa de todos, aunque la leche siga siendo lo principal en su día y esto sea apenas un extra para que se vaya divirtiendo con la comida. Me arrepiento bastante de haber comprado ese alimentador de malla carísimo, imposible de lavar bien, que solo servía para atrapar pulpa de fruta en las rendijas; en cambio la canastilla de vapor que ya tenía de antes terminó siendo lo que más uso para ablandar camote y chayote.

Frascos de especias para bebés en una cocina mexicana con canela esparcida sobre la mesa

Combinaciones que sí funcionan después de la siesta

Después de la siesta corta de la mañana, cuando la cocina se siente un poco más tranquila, es cuando probamos combinaciones nuevas. El camote con una pizca de nuez moscada resalta un dulzor que el camote solo no tiene — me gusta destaparlo justo cuando el vapor empieza a escaparse apenitas por la orilla de la olla, porque ahí es cuando huele más fuerte a nuez moscada. El chayote, ese vegetal que para mí siempre fue el más aburrido del mundo, cambia por completo con unas gotas de limón y cilantro fresco encima. Y si hay cardamomo en la alacena, la pera cocida con cardamomo es de las combinaciones que más rápido desaparecen del plato. Ninguna receta la sigo al pie de la letra — las uso más como brújula que como manual, y los domingos que alcanzo a organizar tres o cuatro de estas mezclas de una vez, la semana completa se siente distinta.

Cuando salimos los domingos hasta el Cerro de las Campanas para que el bebé tome aire, prefiero llevar algo que ya huela rico desde antes de salir de la cocina. Ahí me han servido mucho ideas y recetas para llevar la comida del bebé fuera de casa, sobre todo porque afuera siempre hay ruido y mil distracciones que compiten con el plato. Se lo comenté una vez a una amiga que entrena cada octubre para el medio maratón de Querétaro, y se rió porque ella carga fruta picada en bolsitas para su propio entrenamiento, no muy distinto de lo que yo cargo para el bebé.

El domingo en que mi suegra se quedó callada

El jueves antes de ese domingo había dejado al bebé toda la tarde con mi suegra, convencida de que iba a regresar por él con el plato casi lleno, como llevaba pasando casi toda la semana. Cuando subí por él esa noche, ella me dijo que se había acabado hasta el arroz con las especias que le dejé preparado, y ahí caí en cuenta de que yo llevaba días leyendo mal las señales, no él rechazando la comida como yo pensaba.

Ese domingo, mi suegra subió con un plato de arroz de la comida familiar. "Ándale, dale un poquito del mío", me dijo, y casi me da algo al ver la cantidad de sal que traía. Tuve que explicarle, con toda la paciencia que me quedaba, que los riñones del bebé todavía están en modo de entrenamiento. Lo que hice fue ofrecerle su propia versión, cocida con un diente de ajo y perejil picado, y el bebé se la acabó sin hacer ni una sola cara de fuchi. Mi suegra se quedó callada un rato, y luego nomás dijo "qué milagro", como si el ajo y el perejil fueran magia y no nomás aroma.

La alimentación complementaria no avanza en línea recta: hay días en que el piso termina cubierto de puré de betabel y el babero se queda con ese residuo morado que no sale ni tallando fuerte por la noche, y hay días, como hoy, en que el bebé estira la mano hacia el brócoli con un poco de ralladura de limón como si fuera lo mejor que le hubiera tocado en la semana. No hace falta ser chef ni tener ningún curso terminado para perderle el miedo al cajón de las especias. Ya merito dejo de dudar cada vez que abro un frasco nuevo — mientras tanto, que la comida del bebé huela a algo, aunque sea un poquito, antes de llegar a la mesa.

Mano de bebé tomando brócoli con ralladura de limón, parte del BLW México en casa
Importante:
Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.

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