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Ideas y recetas para llevar la comida del bebé fuera de casa

Ideas y recetas para llevar la comida del bebé fuera de casa en la alimentación complementaria
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El bebé ya trae medio aguacate machacado en el cuello de la playera y yo sigo buscando, con una mano, el termo que juraba haber guardado en el bolsillo lateral de la pañalera. Así arranca casi cualquier salida desde que empezamos con sólidos: a medio camino entre la puerta y el coche, reacomodando recetas para bebés que preparé la noche anterior y que ahora tienen que sobrevivir el calor de la tarde. Sin buscarlo, la comida para llevar del bebé se volvió la parte de la alimentación complementaria que más trabajo me cuesta planear.

Cada semana me llegan las mismas dudas de otras mamás que también andan en esto de la comida para llevar del bebé: cuánto aguanta la papilla en la mochila, qué hacer si el bebé no prueba nada en la calle, si vale la pena cargar tupper o de plano compartir el plato. Reúno aquí las preguntas que más se repiten, con lo que a mí me ha funcionado y lo que salió mal en el intento.

¿Cuánto aguanta la comida del bebé fuera del refrigerador?

La pregunta que más me hacen es justo esta, y entiendo por qué: nadie quiere jugársela con la comida de un bebé. Mi pediatra fue clara en que la comida cocinada no debe quedarse mucho rato fuera del refrigerador, y que entre más calor haga afuera, menos tiempo conviene dejarla ahí sentada. Aprendí de seguridad alimentaria justo por experimentar: una vez la papilla de pollo con zanahoria se sintió rara al abrir el frasquito, no manches, y esa fue la última vez que salí de casa sin pensarlo bien. Desde entonces no salgo sin un termo chico que precaliento con agua caliente antes de vaciar la comida, lo justo para una porción generosa sin que me ocupe media mochila. Aun así, antes de dar la primera cucharada, siempre toco el fondo del frasco con el dedo meñique, nomás para estar segura de que no se enfrió de más ni se quedó tibio de más. Si todavía no sabes cómo acomodar las comidas del día para que salir no sea un problema, esto de cuántas veces al día debe comer un bebé que recién inicia sólidos me ayudó a organizar mejor la rutina antes de siquiera pensar en salir de casa.

Mano de mamá comprobando la temperatura de la papilla del bebé en un termo antes de salir de casa

El equipo que sobrevive la mochila

Compré unos moldes de silicón que parecían salidos de anuncio y terminaron rezumando puré de chícharo por todos lados dentro de la pañalera; lo que de verdad aguanta son los frascos de vidrio con tapa de rosca que cierran bien, aunque pesen un poco más y aunque el morado del betabel se les quede pegado si no los lavo rápido. También aprendí, a la mala, que un babero de tela no sirve de nada fuera de casa: una tarde el bebé terminó como si hubiera peleado con un plato de papaya. Qué milagro que ese día el desastre se quedó en su ropa y no llegó hasta el asiento del coche; desde entonces solo salgo con uno de silicón con recolector. Cuando el procesador de arriba decide fallar justo a media semana, que es cuando más lo necesito, mi vecina Flor, la de abajo, me presta el suyo sin que se lo tenga que pedir dos veces.

Babero de silicona y frasco de vidrio con puré de zanahoria listos para la pañalera del bebé

¿Le doy de mi plato o le llevo el suyo?

Al principio preparaba una comida aparte, específica para el bebé, para cargarla a todos lados. Un día, en un restaurante donde no tenía ganas de sacar el termo, pedí de una vez aguacate y verduras al vapor sin sal para los dos, y descubrí que compartir mi plato me quitaba más peso de encima que cualquier tupper. La Organización Mundial de la Salud tiene lineamientos generales sobre la alimentación complementaria, y con eso en mente dejé de sentirme culpable por improvisar en la calle en vez de cocinar aparte cada vez. Eso sí, pedir sin sal no es capricho mío: entre menos sal y azúcar añadidas mejor, así que ya me acostumbré a pedirlo así aunque el mesero me mire raro. Y aunque me urge que aprenda texturas nuevas cada vez que salimos, avanzo despacio, porque no es lo mismo ofrecerle un trozo cocido en la seguridad de la cocina que hacerlo en una mesa con desconocidos alrededor, y la diferencia entre una arcada normal y un atragantamiento de verdad es algo que prefiero tener clarísimo antes de ofrecerle algo nuevo fuera de casa.

¿Por qué a veces ni prueba lo que llevo preparado?

No siempre es que no le guste lo que llevé. Una vez preparé puré de chícharo y me quedó tan aguado que se resbalaba de la cuchara antes de llegar a su boca; él no estaba rechazando el sabor, estaba rechazando una papilla que ni yo me hubiera comido con gusto. Desde ese día pruebo la consistencia con la misma cuchara que voy a usar con él, porque lo que se ve bien recién licuado no siempre se sostiene igual media hora después, ya afuera. Cuando de plano cierra la boca y voltea la cara, aprendí a no insistir con una cucharada más solo porque "ya casi se la acaba"; a veces es hambre, a veces ya está satisfecho y a veces nomás el ambiente lo trae distraído, y no siempre hay manera de saber cuál es cuál a media banca de parque. Ahí me ha servido leer sobre qué hacer cuando el bebé no quiere comer y rechaza la cuchara, porque no todo rechazo significa lo mismo.

Recetas para llevar que resisten un paseo sin quejas

De los tres cursos de Hotmart que he comprado buscando recetas para bebés que aguanten un paseo, el que de verdad uso entre semana es uno de recetas base que se adaptan a lo que ya tengo en la alacena, sin ingredientes raros que solo venden en tienda especializada. De ahí saqué la costumbre de los muffins de avena y plátano, que no necesitan recalentarse ni ensucian tanto, y que el bebé agarra solo mientras caminamos. Con el tiempo he ido mezclando papilla clásica con pedazos que él sostiene solo, sin necesidad de escoger un bando entre BLW y puré para siempre. Las tortitas de calabacita con harina de garbanzo también aguantan bien la temperatura ambiente, y de paso ayudan con el hierro, que en esta etapa es de lo que más me preocupa que le falte. Los bastones de camote al horno son otro favorito de la mochila, dulces sin necesitar nada más, y fueron justo el alimento con el que noté, sin buscarlo, que algo en su digestión ya se había acomodado: cambiándole el pañal en la banca una tarde, vi que lo de adentro había salido con un tono anaranjado clarísimo, como el camote de esa mañana, y me quedé ahí un rato, contenta de que algo tan chiquito me diera tanto gusto. Los muffins de huevo con espinaca son harina de otro costal porque llevan huevo, así que solo los cargo si ya lo introdujiste en casa con calma y sabes cómo reacciona; no es lo mismo probar un alérgeno por primera vez en la cocina, donde controlas todo, que dárselo por primera vez a medio paseo. Hay algo que no me canso de ver: en cuanto le doy un pedazo que puede sostener solo, la cocina entera se queda en silencio un momento porque él se concentra únicamente en lo que tiene entre los dedos. Si quieres estas y otras variantes ya armadas, el curso Recetas Para Bebés + Bonos es el que más repito cuando el bebé decide que no quiere nada de lo que hay en el refri esa semana, y para variar con frutas frescas y rápidas de empacar también me ha servido cómo ofrecer fruta a un bebé que inicia sólidos.

Muffins caseros de avena y plátano, receta para bebés fácil de llevar de viaje

Aprendí a soltar el control antes de salir de casa

Ya no cargo con media cocina para salir, y eso solo se aprende saliendo un montón de veces y fallando varias de ellas. No soy doctora ni nutrióloga, nomás una mamá tratando de que su hijo coma algo decente entre siesta y siesta, así que cualquier duda sobre alergias o si tu bebé ya está listo para algo nuevo, mejor coméntala con tu pediatra antes de intentarlo por tu cuenta; yo hasta tengo el teléfono de la nuestra pegado con cinta en la puerta del refrigerador, por si las dudas.

Hace poco senté al bebé en una banca del Jardín Zenea y lo dejé morder un trozo de brócoli frío que traía guardado en el termo. No hubo llanto ni un desastre que limpiar con media hoja de papel. Nomás él, entretenido con su brócoli, y yo, con un café que por primera vez en semanas seguía caliente cuando me acordé de tomármelo.

Bebé alcanzando un trozo de brócoli al vapor durante un paseo en el Jardín Zenea

Ivonne, una lectora que comentó en mi primera entrada sobre papillas, me escribió hace poco contándome tanto lo que sí le funcionó como lo que no le funcionó al salir con su bebé, y esa costumbre suya de contar ambos lados es justo lo que trato de hacer aquí: no solo la foto bonita del brócoli en el parque, también los frascos que se me tiraron en la mochila.

Ya merito se me olvida el termo justo el día que más lo necesito, así que ahora lo dejo siempre en el mismo gancho de la pañalera. Si sientes que te falta estructura para no repetir siempre el mismo menú cuando salen, dale una revisada a este recetario que uso yo; trae variaciones que ayudan a no quedarte pensando qué le vas a dar. Al final, lo que importa es que los dos disfruten el rato fuera de casa, ya sea con una papilla que preparaste desde temprano o compartiendo un aguacate en una terraza. Ándale, que el tiempo vuela y crecen más rápido de lo que tardamos en lavar el babero.

Importante:
Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.

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